April 23, 2018

«Iniciar el fuego rápidamente»

—¿Tú juegas?, Montag.

Miró a aquellos hombres, cuyos rostros estaban tostados por un millar de incendios auténticos y otros millones de imaginarios, cuyo trabajo les enrojecía las mejillas y ponía una mirada febril en sus ojos.
Aquellos hombres que contemplaban con fijeza las llamas de encendedores de platino cuando encendían sus boquillas que ardían eternamente. Ellos y su cabello cubierto de carbón, sus cejas sucias de hollín y sus mejillas manchadas de ceniza cuando estaban recién afeitados; pero parecía su herencia.
Montag dio un respingo y abrió la boca. ¿Había visto, alguna vez, a un bombero que no tuviese el cabello negro, las cejas negras, un rostro fiero y un aspecto hirsuto, incluso recién afeitado? ¡Aquellos 40 hombres eran reflejos de sí mismo! Así, pues ¿se escogía a los bomberos tanto por su aspecto como por sus inclinaciones? El color de las brasas y la ceniza en ellos, y el ininterrumpido olor a quemado de sus pipas.
Delante de él, el capitán Beatty lanzaba nubes de humo de tabaco. Beatty abría un nuevo paquete de picadura, produciendo al arrugar el celofán ruido de crepitar de llamas.

Montag examinó los naipes que tenía en las manos.

—Es... estaba, pensando sobre el fuego de la semana pasada. Sobre el hombre cuya biblioteca liquidamos. ¿Qué le sucedió?

—Se lo llevaron, chillando, al manicomio.

—Pero no estaba loco.

Beatty arregló sus naipes en silencio.

—Cualquier hombre que crea que puede engañar al Gobierno y a nosotros está loco.


April 11, 2018

Pasaporte



No me han reconocido en las sombras que
difuminan mi color en el pasaporte.
Mi desgarrón estaba expuesto
al turista amante de postales.
No me han reconocido… Ah, no prives
de sol a la palma de mi mano,
porque el árbol me reconoce
me conoce…
Me conocen todas las canciones de la lluvia,
no me dejes empalidecer como la luna.

April 09, 2018

El cerezo

Cuando George Washington era niño vivía en una granja de Virginia. Su padre le enseñó a cabalgar, y solía llevar al joven George por la granja para que su hijo aprendiera a cuidar de los campos, los caballos y las reses.

El señor Washington había plantado un huerto de árboles frutales. Había manzanos, durazneros, perales, ciruelos y cerezos. Una vez le enviaron un bonito cerezo desde allende el océano, y el señor Washington lo plantó en la linde del huerto. Pidió a toda la gente de la granja que lo observara atentamente para cerciorarse de que no sufriera el menor daño. Creció bien y una primavera se cubrió de capullos blancos.

Al señor Washington le complacía saber que pronto tendría cerezas de ese árbol. En esa época le dieron a George un hacha nueva y lustrosa. George se puso a hachar ramas, cercas, todo lo que encontraba. Al fin llegó a la linde del huerto, y pensando sólo en su magnífica hacha, asestó un golpe al pequeño cerezo. La corteza era tan blanda que George derribó el árbol, y luego continuó jugando.

The Phantom Agony

- De esas rolitas que me han influenciado o impactado de alguna manera.