March 02, 2018

La ley de la gravedad

— ¡Empuje, señora Brocket! — dijo el doctor Snow, y Eleanor chilló por tercera vez mientras se obligaba a empujar con todas sus fuerzas a la vez que la enfermera le ponía una compresa fría en la frente para aliviarla. Pero, en lugar de encontrar alivio en ese gesto, Eleanor empezó a gemir como una histérica y pronunció una palabra que no había pronunciado jamás en su vida, una palabra que consideraba increíblemente ofensiva cuando alguien de Bother & Blastit la empleaba. Era una palabra corta. Dos sílabas. Pero parecía expresar todo lo que ella sentía en ese preciso instante.

— ¡Así me gusta! — exclamó con una sonrisa el doctor Snow —. ¡Ya está aquí! Uno, dos, tres, y luego un último empujón muy grande, ¿de acuerdo? Uno… Eleanor tomó aire. — dos... jadeó. — ¡Tres! Y entonces notó una tremenda sensación de alivio y oyó el llanto de un bebé.

Eleanor se derrumbó en la cama y gimió, contenta de que se hubiera terminado aquella horripilante tortura. —Alabado sea… — dijo el doctor Snow un momento después, y Eleanor levantó la cabeza de la almohada, sorprendida. —¿Pasa algo malo? — preguntó. — Es lo más extraordinario que he visto en mi vida — contestó el médico mientras Eleanor se incorporaba un poco, a pesar de los tremendos dolores, para ver mejor al recién nacido que había provocado una respuesta tan anormal. — Pero ¿dónde está? — preguntó Eleanor, porque el doctor Snow no lo tenía en brazos, ni estaba tumbado en una esquinita de la cama. Y entonces fue cuando se percató de que tanto el médico como la enfermera habían dejado de mirarla a ella y ahora observaban de color blanco, mirando hacia abajo a los tres adultos, con una sonrisa pícara en el rostro.

— Está ahí arriba — dijo el doctor Snow con absoluta admiración, y era cierto: ahí estaba. Pues Barnaby Brocket, el tercer hijo de la familia más normal que hubiera habitado jamás en el hemisferio sur, empezaba a demostrar desde el primer día que era de todo menos normal, al negarse a obedecer la norma más fundamental de todas.

La ley de la gravedad.

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fragmento «El increible caso de Barnaby Brocket.», John Boyne
A veces, las sorpresas se esconden entre el tiempo y los libros.

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