February 23, 2018

Cuando se decide cambiar de suerte

Poco a poco, me siento invadido por una mezcla de emociones sin poder distinguir si ese nudo en la garganta se debe al gusto que me causa el volver a mi patria después de tanto tiempo, o bien porque, antes siquiera de partir, he comenzado ya a extrañar el país que tan generoso ha sido conmigo. Quizá sean ambas cosas o simplemente el cansancio que se abre paso al cumplirse un anhelo largamente acariciado que se ha procurado con tenacidad y múltiples esfuerzos.

¿Cuántas olas habrán acariciado la playa de Loctudy desde que viese por última vez el faro de mi puerto natal?


Ahora me doy cuenta de cuán absurdo es pretender olvidar los recuerdos de la niñez, aquellos que forman nuestro ser, sin importar la fuerza de voluntad que se emplee en ello. No puede cortarse de tajo con el pasado y, sin embargo, debe intentarse cuando se decide cambiar de suerte e iniciar otra vida en un lugar desconocido.

De otra manera, la añoranza volvería insoportables nuestras noches, oscuros intervalos en los que el espíritu ocioso suele recordarnos paisajes y rostros familiares que duermen bajo la luna de un hemisferio distinto. En ese momento se vuelve imprescindible hacer a un lado los sentimientos porque, aunque se tenga la intención de regresar algún día, nadie sabe con certeza cuándo ni cómo será eso posible.

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fragmento «De caracoles y escamoles, un cocinero francés en tiempos de Don Porfirio.»
¡Genial!gracias a mi hermana por prestármelo y que por error, tuve que reponer - jejeje.

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- En honor a Donna Summer, ¡para esas nochecitas de calor!