January 26, 2018

¿Qué desea una mujer...?

Constanza estaba a punto de cumplir trece años cuando Merlín los visitó. El rey mandó preparar en su honor una fiesta. Era el mes de mayo y el jardín estaba lleno de aromas nuevos. Esa noche, se veía el cielo estrellado como un libro con letras de plata. Un libro donde estaban escritos los secretos de la naturaleza. El rey Dinis cantaba muy bien, y había compuesto hermosas canciones de amor Pensando en su esposa fallecida, y todos le animaron a cantar.

Lo hizo con palabras llenas de belleza y melancolía, y casi todas las jóvenes dámas y sus doncellas terminaron llorando: para distraerlas de su pena, Merlín les conto la historia del Rey Arturo y el Caballero Verde. Se enfrentaron en un duelo y el caballero consiguio vencer al rey. Pero en vez de darle muerte le ofreció perdonarle la vida. A cambio, y en un plazo no superior a un año, debía llevarle la respuesta a una pregunta que le obsesionaba:

- «¿qué desea una mujer?»



El rey Arturo le prometió hacerlo y desde ese mismo instante, en compañía de su fiel Gawain, se puso a recorrer el mundo en busca de la respuesta. Se detenía en los pueblos y preguntaba a las mujeres con las que se encontraba. No le importaba la edad que tuvieran ni cual fuera su condición.

Unas veces eran simples molineras; otras, criadas y campesinas que ordeñaban vacas y ovejas; otras, nobles a quienes visitaba en sus palacios, donde vivían llenas de caprichos; y hasta más de una vez se detuvo en conventos y hospitales para preguntar a las monjas.

Pregunto a niñas y doncellas, a casadas y viudas, a mujeres virtuosas y a prostitutas, y cada una tenía una respuesta diferente. Unas dijeron que lo que más deseaban eran unos vestidos; otras, que un niño al que acunar en los brazos; otras, que un amante que las hiciera gozar y las entretuviera con sus dulces historias; otras más, que un palacio lleno de criados y no volver a pasar nunca hambre ni frío; otras, en fin, no envejecer nunca y ser siempre deseadas y bellas.

Pero a Arturo ninguna de estas respuestas le satisfacía. Estaba a punto de cumplirse el plazo cuando una tarde, paseando por las orillas de un pantano, se encontró con una bruja. Tenia el pelo lleno de limo y algas, las uñas largas y retorcidas y desprendía un olor nauseabundo. El rey Arturo estaba huyendo de su lado cuando la mujer le llamó. Era jorobada y al hablar hacía chascar la lengua, produciendo un sonido que helaba la sangre. Le dijo que sabía lo que andaba buscando y que sabía la respuesta a aquella pregunta, pero que si quería conocerla tenía que darle a uno de sus caballeros por esposo. El rey se negó, ya que le horrorizaba entregar a uno de los caballeros a aquella horrenda criatura.

Pero unos días después, le contó a sir Gawain su encuentro en el pantano, y este se ofreció a aceptar el sacrificio. ¿Podía haber un destino mejor para un caballero que salvar a su rey? Fueron a ver a la bruja y tras sellar el pacto esta les dijo:

- «Lo que quiere una mujer es ser soberana de sus propios deseos.»

El rey llevó la respuesta al Caballero Verde, que quedó complacido con ella y le perdonó la vida. Aún quedaba cumplir con la parte más penosa del pacto, y fue la boda mas triste que cabe imaginar. Asistió la corte entera y la bruja hizo gala de sus peores modales.

Engullía la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitía grititos y ruidos obscenos, y escupía la comida encima de los comensales.

Por fin, llegó la noche de bodas, Gawain aguardaba entristecido en la alcoba nupcial, cuando su esposa apareció con el aspecto de la doncella mas hermosa que un hombre desearía ver. Fue una noche de pasión, en que se dijeron las cosas más locas, atrevidas y dulces. Ya estaba despuntando el alba cuando la joven le dijo que como habia sido tan cortés con ella, a partir de ese momento la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo. Pero tenía que elegir. ¿Cuál prefería para el día y cuál para la noche?

Gawain dudó.

¿Qué era preferible, tener a su lado durante el dia a una joven adorable por la que ser envidiado y por la noche a una horrible bruja a la que solo él pudiera ver, o tener ante los ojos de todos en las horas del día a esa misma bruja pero a una joven hermosa cuando al anochecer ambos se quedaran solos en su alcoba? El noble Gawain hizo gala de su ingenio y replicó que ya que una mujer deseaba ser dueña de sus propias decisiones, era ella que debía elegir. Al oír esto, su esposa le anunció que seria hermosa de día y de noche, porque había respetado su decisión.

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Fragmento: «La puerta de los pájaros» (2014), Gustavo Martín Garzo
De esos libros que dejan huella.

The War of the Worlds - Original drawings, 1906

Original drawings from the 1906 edition of H.G. Wells’ “The War of the Worlds”, illustrated by Brazilian artist Henrique Alvim Corrêa pic.tw...